Espacio cultural
Novela histórica, ¿la verdad revelada?
Los últimos años, en todo el mundo, y muy particularmente en Argentina, hemos visto crecer el interés por la novela histórica. La globalización económica trajo consigo un borramiento de las fronteras geográficas y significó, sobre todo para países dependientes y muy acostumbrados a mirarse en espejos ajenos (y falsos), como el nuestro, una acentuada pérdida de identidad, que llevó a mucha gente a buscar, en el conocimiento de la historia nacional, las raíces olvidadas.
Antes de volver sobre esto, quisiera dejar dos conceptos aclarados:
- la Historia no es una ciencia sencilla, su conocimiento y estudio exigen seriedad y esfuerzo que quedan, en general, en manos de profesionales especializados, y
- esta es una preocupación que afecta, más que nada, a los habitantes de los grandes centros urbanos, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires, más "modernizados" y cosmopolitas, porque el nuestro es un país extenso y fragmentado y en las provincias la gente tiene una conciencia más profunda y orgullosa de pertenencia.
Una vez pensado esto, entenderemos fácilmente la predilección por la novela histórica: elegido el personaje central de la narración de acuerdo con nuestra predilección o curiosidad por la época, nos sumergimos en un relato que, si está bien escrito, es apasionante y nos lleva por una serie de situaciones que tendemos a creer verdaderas y a aceptar sin discutir. Y aquí está la gran trampa, una novela es eso, literatura de ficción que, a partir de hechos y circunstancias sucedidos realmente (cuántos y en qué dosis depende puramente del deseo del escritor y de la funcionalidad que ellos tienen en su proyecto creativo), arma su propio discurso y crea una realidad en la que mezcla personajes reales e inventados, a los que presenta como reales, mientras que a los primeros puede atribuirles dichos y hechos que jamás sucedieron.
En el epígrafe a su autobiografía "Vivir para contarla ", Gabriel García Márquez dice: " La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Sirve para entender que no hay que creer como verdad revelada ni siquiera los textos autobiográficos, primero porque la memoria, la imaginación, la ironía, el humano deseo de arrojar la mejor luz sobre sí mismo, llevan a hacer retoques sobre lo que uno cree haber vivido, y segundo porque los hechos son eso, acciones que se dan en el espacio y el tiempo y deben ser transmitidos con palabras, que es una manera de ficcionalizar. Sobre esto recomendaría una excelente novela de Javier Cercas, escritor español contemporáneo, "Soldados de Salamina", sobre un episodio de la guerra civil española, contado por uno de sus protagonistas y qué queda del hecho a través de las sucesivas narraciones que este protagonista ha hecho de él.
Algo que enriquece la manera de narrar es la técnica del punto de vista: el relato será según desde qué lugar se cuente y quién lo cuente, no es lo mismo un narrador omnisciente, que sabe todo acerca de la historia y de los personajes (pero no olvidemos que ese todo es ficción, lo que el escritor imaginó para contar), que los hechos contados por un personaje según los vivió o se los contaron a él, lo que da una visión parcial al lector. Una gran novela del siglo XX, "El sonido y la furia", de Faulkner, recurre magistralmente a esta técnica, utilizando distintos narradores, uno de ellos débil mental, que cuentan los hechos desde su conocimiento, a veces explicando la narración del otro, a veces superponiéndose a ella, con mayor o menor fidelidad. Esta técnica también es muy usada, con buen éxito, por la novela policial. Pero no necesitamos ir tan lejos, cuántas veces alguien relata un suceso en el que hemos participado, y le hacemos, o nos sentimos tentados a hacerle, correcciones, porque nuestro recuerdo difiere, y estábamos ahí, al mismo tiempo.
Entonces, para saber Historia, ir a los libros de diferentes historiadores, porque la ideología hace que el ser humano manipule o interprete las fuentes, y tratemos de sacar nuestras propias conclusiones. Y para quienes las disfrutan, a leer novela histórica sin buscar en ella la verdad revelada.