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  • Editor Enrique M. Otharán
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Espacio cultural

Apuntes sobre música y músicos. A. Shore.


En el principado de Weimar
En esta etapa desarrolló una gran técnica, incluso, aunque resulte extraño, desarrolló digitaciones diferentes e introdujo el uso del pulgar. Reincken, famoso organista, se asombró al verlo ejecutar. Le dijo: "Veo que este arte sigue viviendo en usted". Cuando recibió una invitación del principado de Cí¶then, solicitó permiso para dejar Weimar. Le fue denegado, pero insistió y obtuvo un mes de cárcel, sin proceso. Durante ese mes redactó un manual para aprender a tocar el órgano. Finalmente lo dejaron libre. Pese a ese episodio, siempre consideró su estadí­a en Weimar como una gran experiencia y muy provechosa. No era un hombre rencoroso.
Sus años de permanencia en Cí¶then fueron muy plácidos, gozaba de gran libertad y compuso muchas obras. El prí­ncipe de Anhalt Cí¶then era un hombre joven, generoso, le autorizó la compra de instrumentos y la formación de una orquesta, de modo tal que desde su puesto de Maestro de Capilla pudo enseñar, componer y dirigir, amén de continuar cultivando en grado sumo su brillante carrera de organista. Las pasiones de su vida se realizaban a pleno, pues estaba dotado para los múltiples caminos que la música ofrece.
Pero un dí­a el prí­ncipe se casó con una princesa a quien la música no interesaba. Amaba la vida mundana, las fiestas y bailes cotidianos. Un gran cambio en el clima del principado y la etapa concluyó.
Se estableció en Leipzig el 1º de junio de 1723. Allí­ transcurririeron los últimos veintisiete años de su vida. Fueron años de intenso trabajo pues estaba a cargo de todo lo relacionado con la educación de jóvenes en la escuela de Santo Tomás, adjunta a la iglesia del mismo nombre; tení­a a su cargo el coro y la supervisión de todos los coros de la ciudad y su trabajo de organista en la iglesia. En la escuela, además de canto, enseñaba latí­n y violí­n. Por las noches, en el seno de su hogar, hací­a música con sus hijos y con su mujer, y componí­a para sus hijos y para sus alumnos. Su genial estilo contrapuntí­stico se puso en evidencia en las Invenciones para dos y tres voces y los maravillosos Preludios y Fugas que componen "El clave bien temperado"
La importancia de esta obra no resulta fácil de explicar, porque implica explicaciones técnicas que requieren el ejemplo sonoro, para entender lo que es el sistema de afinación temperada , que es el que se usó desde entonces.
En esta época, y siempre a pie, hizo un viaje a Dresde, ciudad en la que tuvo ocasión de tocar en dos instrumentos maravillosos e imponentes, en dos de las iglesias más importantes de la ciudad, ambos construí­dos por Silbermann, quien luego construyó los primeros pianos que se conocieron en Alemania y que Bach probó en una visita que hizo a Federico de Prusia, en l747 en su castillo de Sans Souci, en Postdam. En esa í¨poca se denominaba "instrumentos de teclado" al clave, al clavecí­n, al clavicordio, que es considerado el antecesor del piano por su tipo de funcionamiento y por la sonoridad que permití­a. Bach siempre le fue fiel y no adquirió ningún piano en sus tres últimos años de vida, pero actualmente, además de interpretarse en órgano y clave, existen muchas obras transcriptas para piano.
Federico de Prusia, que ha sido considerado el exponente máximo del despotismo ilustrado del siglo XVIII, era un buen flautista y también compositor. Acogió cálidamente a Bach, hizo música de cámara con él. A pedido de Bach, le sugirió un tema para una obra. El resultado fue la bella "Ofrenda Musical".
Durante su estadí­a en Leipzig, tan fecunda, compuso la Pasión según San Mateo, hizo escuchar la Pasión según San Juan, los bellos Conciertos brandemburgueses, muchas cantatas y corales, las Suites para orquesta, y El Arte de la Fuga, compendio de sus conocimientos. También escribió cantatas profanas, como la famosa Cantata del Café, alegre y divertida que ridiculizaba la costumbre de tomar café en todo momento.
En su vida personal, tuvo mucha felicidad y hondos dolores. Después de la muerte de su primera mujer Marí­a Bárbara Bach, se casó con Anna Magdalena Winckler, que era hija de un trompetista. Ella tení­a una bella voz de soprano, tocaba el clave y fue una buena madre para todos sus hijos. Bach tuvo siete hijos con Marí­a Bárbara y trece con Anna Magdalena. Pero diez de ellos murieron a temprana edad. Algunos de sus hijos fueron músicos importantes. Sobresalieron Kart Philippe Emmanuel, admirado por Haydan y Mozart, Johann Christian, llamado el Bach inglés, ya que se radicó en Inglaterra y trabajó en la corte inglesa y Wilhelm Friedemann, quizá menos talentoso, pero que fue conocido y apreciado en su tiempo. Anna Magdalena amó, admiró y cuidó a su marido y también a su familia. Escribió un libro encantador, quizá, en la actualidad anticuado en su estilo, pero digno de leerse, desbordante de ternura y nobles sentimientos.
Además Bach era un bon vivant, le gustaba la buena mesa, recibir en su casa, cuidaba su bodega y asistí­a a conciertos de sus alumnos en la Cervecerí­a Zimmermann. Fue un ser notable.
Siempre recuerdo que, cuando empecé a estudiar armoní­a con el inolvidable maestro Enrique Cipolla, analizamos los corales. Yo estaba asombrada ante esas bellezas inagotables de su obra. Un dí­a, muy seriamente, me dijo: "es que Bach era un extraterrestre..."
Su inspiración brotaba de una religiosidad auténtica, que, como dijera Benito Pérez Galdós, es la búsqueda del misterio, de lo divino, y el acuerdo con una vida que se sustenta en los valores y principios que la religión enseña.
En realidad, Bach no fue, en su época, famoso como compositor sino como organista . Luego de su muerte, su música se consideró anticuada. Otros aires soplaban en el mundo. Muchos años después de su muerte, casi ochenta, cuando Félix Mendelsohnn, el talentoso creador romántico dirigió "La Pasión según San Mateo", inició esa presencia de Bach, esa predilección por su música, ese deleite que no cesa.
Bach, sencillo como era, sólo habí­a dicho "Trabajé duramente". Pero cuando, años después se formó la Sociedad Bach, la famosa Bach Gessellchaft en Leipzig, en l850, y se abocó a editar su obra completa en 46 volúmenes, esa tarea demandó cincuenta años. En la actualidad se está publicando una nueva edición revisada de la obra completa. Tenemos el orgullo de que un argentino, el maestro Mario Videla, que tan importante tarea cumple con la Academia Bach de Buenos Aires, tenga a su cargo una parte de dicha monumental revisión.

Adela Shore


Ultima actualizacion: lunes 21 de mayo de 2012, 10:06 pm