Ediciones Médicas / Misceláneas / Espacio cultural / Apuntes sobre música y compositores



Right menu

  • Editor Enrique M. Otharán
Publicidad
Banners de intercambio no rentables
Powered by eZ Publish

Espacio cultural

Apuntes sobre música y compositores


Publicado el 02.08.2005.
Apuntes sobre música y compositores
Ludwig van Beethoven. Primera parte.
Adela Shore

Estos apuntes procuran trazar la imagen humana de los músicos y, por supuesto, también hablar de su creación. Existen muchos diccionarios e historias de la música, también en Internet que brindan datos sobre su biografí­a y sobre su producción. Las enumeraciones de obras en realidad nada dicen a quien no las ha escuchado, así­ como nada evocan nombres de pinturas y esculturas que no se conocen ni aun por reproducciones. Parece más atractivo intentar develar el impulso creativo. Este responde a un don, a cuyo misterio no es posible acceder. Dirí­a que nos transporta a regiones de profunda fe, ya que el don es un regalo, pero también un milagro.
Pero los grandes artistas como los grandes cientí­ficos suman al don mucho trabajo. Siempre llama la atención esa tenacidad cotidiana, esa búsqueda que no cesa. Y que, a menudo, los lleva como a Beethoven, en sus últimas sonatas y cuartetos, a creaciones que son tan evolucionadas y diferentes, que tardan algunas generaciones en ser sentidas, comprendidas y gozadas. De todos modos estamos hablando de dones excepcionales. Y soy de los que creen que cada persona lleva en su corazón y en su experiencia de vida algo para relatar, conmover y dar a los demás.
Creo que Beethoven hombre es para muchos un ilustre desconocido o peor aún, mal conocido a través de pelí­culas y relatos que fácilmente muestran su imagen hosca, desprolija, agresiva y logran esconder la enorme belleza de su alma de artista, generosa y tierna. Un ser sensible, enamorado de la naturaleza, de la poesí­a, atento a los sucesos de su tiempo (me refiero en especial a la Revolución Francesa). Hací­a largas caminatas por los bosques de Viena. Hoy existe un sendero que lleva su nombre. Era profundamente nacional, condición bien manifestada en sus canciones folklóricas, y profundamente universal, lo cual habla de un espí­ritu elevado, plantado en sus raí­ces alemanas, pero sintiendo la variedad y grandeza del mundo. Así­ su "Himno a la Alegrí­a" resuena por doquier tantos años después de ser creado.
En l702, en un pueblo cercano a Viena, Heiligenstadt, en unas habitaciones que hoy son museo, escribió su famoso testamento, dirigido a sus hermanos. Es una página conmovedora. Hací­a ya cinco años que habí­a comenzado a perder su audición. Nada habí­a dicho a nadie. Gran drama para un músico. Es un dicho, entre músicos, que sólo es un verdadero músico el que cuando la oye, ve su escritura y cuando la ve, la oye. Esto corresponde a una facultad del oí­do interno. De todos modos fue una tragedia. En años posteriores sólo podí­a comunicarse a través de la escritura y mucho se supo de él gracias a esos cuadernos de conversación.
Beethoven nació el 16 de diciembre de l770 en Bonn, una culta ciudad del norte de Alemania. Su madre, hija de un cocinero, era compasiva y bondadosa, aunque seria. El siempre la amó mucho. Su padre, músico de regular categorí­a, era un borracho consuetudinario, de mal genio.
La infancia de Ludwig fue muy triste. Pero, como algunas veces ocurre, apareció en su vida un maestro importante. El niño estaba dotado y Christian Neefe, músico de la corte, y nombre que merece ser recordado, le brindó comprensión, estí­mulo y buena enseñanza. Neefe habí­a estudiado a Bach y lo inició en el contrapunto y la improvisación. A los 14 años Beethoven fue su organista ayudante en la corte de Bonn. También actuaba como clavecinista.
Una persona influyente le proporcionó los medios para visitar Viena. Esta fue una visita breve, en 1787. Viena era el centro musical de Europa. En ella viví­an y por ella pasaban, los más prestigiosos músicos. En ella crearon Salieri, Mozart, Haydn, Schubert, Beethoven y tantos otros.
Allí­, Mozart lo escuchó y, reticente en un principio, impresionado luego por su enorme facilidad de improvisación, le auguró un futuro brillante. Tras estar muy poco tiempo en Viena, debió regresar a Bonn, pues su madre enfermó de gravedad. Cuando ella falleció, y con su padre envuelto en embriagueces crecientes tuvo que hacerse cargo de la casa y de sus dos hermanos. Otro dolor le aguardaba unos cuantos años después, cuando se suicidó su sobrino Karl, joven inestable y desagradecido, ya que Beethoven le habí­a brindado siempre cariño y ayuda económica, lo único que el joven tomó de lo que su tí­o intentó brindarle. Beethoven se ganaba la vida tocando la viola en un teatro de la ciudad y poco a poco, por su talento y amabilidad, y por su prestigio creciente, comenzó a dar clases de piano en casas de familias de la nobleza. Amante de la libertad, habí­a leí­do obras de algunos enciclopedistas franceses y era un republicano ferviente. No obstante esas discrepancias polí­ticas, gozó de la amistad y la protección de muchos miembros de la nobleza, tanto en Bonn como en Viena. Basta con leer las dedicatorias de sus Sonatas para piano y de sus cuartetos para obtener un testimonio de esas relaciones. Las obras están dedicadas al conde Waldstein ,al archiduque Rodolfo, al conde Razumovsky, embajador ruso en Viena, a la familia von Breuning, a la condesa Giulietta Guicciardi, y a muchos más.
¿Quién recordarí­a hoy sus nombres si no fuera por las dedicatorias de Beethoven? El conde Waldstein, embajador de Austria en Bonn, a quien Beethoven dedicara su hermosa sonata conocida como "Aurora", le facilitó los medios para volver a Viena y le permitió estudiar con Haydn. Éste habí­a tenido ocasión de escuchar al joven y promisorio músico en Bonn. En Viena transcurrió el resto de su vida. Allí­ terminó su difí­cil y tan luchado camino, el 26 de marzo de l827, a los cincuenta y seis años. Su entierro, como se puede ver en grabados de época, fue multitudinario.
Beethoven habí­a llegado por segunda vez a Viena en 1792. Allí­ pudo dar clases, componer, tocar y especialmente, lo cual nunca fue sencillo, ver publicada su obra.
Pudo ser independiente. Fue el primer músico que pudo vivir sin servir en la corte. Allí­ compuso sus treinta y dos maravillosas sonatas para piano, amén de muchas otras obras de las que hablaremos en la segunda parte de este apunte. Estudiarlas todas es tarea de una vida. Son un mundo inagotable. Las primeras, dedicadas a Haydn y por supuesto influidas por el estilo de su maestro. Es maravilloso recorrerlas y percibir sus crecientes complejidades. Son como un paradigma de la construcción de la vida, de la propia vida , a juzgar por lo que uno siente muchas veces. Recuerdo las palabras del maestro Alejandro Ntaca, quien ante un comentario de lo que sentí­a al interpretar una sonata, o mejor dicho, intentar interpretar, me respondió: ¡ah!, es que Beethoven es el gran psicoanalista.
El notable profesor italiano Enrico Fubini, investigador en temas de historia y estética de la música, dice que "en la forma sonata se creó una sintaxis propia, robusta, que no toma en préstamo nada de otros lenguajes, así­ como la invención de la armoní­a (simultaneidad de sonidos vinculados por las leyes naturales de la resonancia) sentó las bases de una gramática del lenguaje musical. La forma sonata casi se puede decir que posee como una estructura narrativa. "Y así­ esta música, a veces es como un arrebato tempestuoso que conmueve hondamente, y luego sigue un momento de paz y serenidad como un lago calmo al atardecer". Muchos músicos formales no comparten esta forma de ver y sentir. Pero qué hemos de hacerle si algunos sentimos así­, y le damos la razón a Suzanne Langer, discí­pula del filósofo Ernst Cassirer que escribió sobre las formas simbólicas, cuando ella expresa: "El retrato del mundo no agota su realidad. Existe el mundo no visible y la música expresa eso, los movimientos de nuestro mundo interno, el ir y venir de nuestras ansias, impulsos, pasiones y tristezas".
Fin de la primera parte.
Adela Shore

Comentarios a edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar


Ultima actualizacion: jueves 9 de febrero de 2012, 4:14 pm