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  • Editor Enrique M. Otharán
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Espacio cultural

Apuntes sobre música y compositores. A. Shore (III)


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Debussy compuso una sola ópera: " Pelleas et Mélisande", basada en un drama del poeta belga Maurice Maetterlinck, aunque tení­a otras en proyecto. Una de ellas era "La caí­da de la Casa Usher", sobre el escalofriante relato de Edgar Allan Poe.

Esta ópera le demandó diez años de trabajo. Años difí­ciles, llenos de dudas y correcciones pero aunque incomprendida al principio, fue la expresión de una plenitud en sus medios. Se conservan manuscritos de versiones que dan testimonio de la forma infatigable de como pulió sus ideas. Recorrió un esforzado camino hasta que logró concretar exactamente lo que querí­a expresar.

En cierto momento escribió: "he querido que la acción no se interrumpiera nunca, he querido no tener frases musicales parásitas".

Cuando se asiste a una representación operí­stica, se experimenta, por un lado, lo que la música despierta en uno pero al mismo tiempo se está pendiente de los personajes, de la acción dramática. Debussy deseaba que ambas emociones se fundieran en una, que fueran absolutamente simultáneas. Esta obra produjo una gran impresión. Antes del estreno, Debussy la tocó en el piano para un grupo de músicos y otros amigos, y cantó la parte de cada personaje para que la conociera Mary Garden, la famosa soprano destinada a interpretar el papel de Mélisande. El relato de esta audición nos dice que hubo, al finalizar, un gran silencio y lágrimas en el instante de la muerte de Mélisande.

Por fin, la ópera se estrenó. Pero no fue un éxito hacia el final: en un momento en que Mélisande canta "no soy feliz", el público replicó "nosotros tampoco...". La obra terminó tumultuosamente. Esto ocurrí­a en 1902. Años más tarde, su obra " Jeux" (Juegos), un ballet, también fracasó.

Pero más allá de las controversias, y apoyado por gente muy importante como el editor Durand, Debussy fue convirtiéndose en una especie de gloria nacional. El Debussy del estreno de Pélleas fue considerado por muchos como la imagen perfecta de un artista talentoso e innovador, rechazado por un público snob.

En sus escritos sobre "Música y músicos", el gran compositor español Manuel de Falla, que pasó sus últimos años entre nosotros y que falleció en l946 en su casa de Alta Gracia, provincia de Córdoba, tiene algunos conceptos interesantes. Dice... "Debussy escribió bella música española, prácticamente sin conocer España, sin conocer el territorio español", lo cual es bien distinto. Sólo en una oportunidad cruzó la frontera para presenciar una corrida de toros en San Sebastián. Pero habí­a leí­do sobre este paí­s, conocí­a su pintura y en la Exposición Internacional de 1889, también escuchó a auténticos músicos españoles que desparramaban la magia rí­tmica y sonora del flamenco y los giros melismáticos de la música musulmana y hebrea que habí­an dejado su impronta en la música española. De estas impresiones hablan obras como "Los perfumes de la noche" de Iberia. También "La puerta del vino" o "La serenata interrumpida" de su colección de Preludios, que dedicara a Chopin y la " Soirée dans Grenada", con ritmo de habanera. El quiso describir las impresiones que la música española le despertaba. Era un gran creador de atmósferas. Manuel de Falla dice que "la obra española de Debussy, nos da la embriagadora magia de las noches andaluzas". Palabra más autorizada no existe. Fue en esta circunstancia, la exposición de 1899 en que el compositor tomó contacto con las músicas exóticas de Camboya y Java.

También sus Estudios son obras valiosas y difí­ciles. No sólo son obras didácticas, sino pequeños poemas. Interpretar a Debussy exige del pianista un gran repertorio de tipos de toque para lograr tantas sonoridades diferentes y un uso muy sabio de los pedales. Esta serie de obras plantea muchos problemas de ejecución. Escribió música de cámara, sonatas, una para piano y violí­n, otra para cello y piano y la ya mencionada en la primera parte para flauta, arpa y viola.

Como hombre era lo que se considera un " bon vivant". No era extremadamente sociable. Pero tampoco le quedaba mucho tiempo para ello. Después de amores y amorí­os, su vida entró en un perí­odo de paz, que lo tranquilizó. Emma Moyse, madre de un alumno suyo y casada con el banquero Bardac, se divorció de éste y se casó con Debussy. Viví­an en una linda casa donde recibí­an a sus amigos, músicos, poetas, pintores y otros artistas. El músico era un cocinero exquisito.

Sus años finales fueron dolorosos pese a la consagración y que ya se lo conocí­a como " Claude de France". A su pequeña hija Chouchou, a la que adoraba y a quien, con tiernas palabras le dedicó esa obra encantadora "El rincón de los niños". La vida le evitó el dolor de la muerte de su hija, a causa de una difteria, a los catorce años, en l919.

Él enfermó de cáncer y murió, a los cincuenta años, cuando ya la guerra mundial estaba llegando a su fin.

Debussy tení­a un sentido de la forma musical. Pese a tantas cosas nuevas que su obra genial introdujo, ésta no es un desorden. Sus obras están bien construí­das, si bien el introdujo una nueva gramática y un nuevo sentido. Cuando expresó "yo compongo como soy" no hizo sino afirmar la cualidad de autenticidad insoslayable para un artista verdadero. Y en este sentido de la autenticidad viene a cuento una anécdota, que si no es cierta " e ben trovata". Cuando nuestro Astor Piazzola fue a ver a la gran pianista y maestra francesa Marguerite Long,(1878-1966) para pedirle unas clases de armoní­a, porque suponí­a que estudiando con ella aprenderí­a cosas distintas, ella le respondió: "no creo que las necesite. Esta música es usted. Siga componiendo así­, como siente."
Adela Shore

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Ultima actualizacion: lunes 21 de mayo de 2012, 10:06 pm