Espacio cultural
Apuntes sobre música y compositores. A. Shore (II)
El devenir actual de la música parece ser una aventura sumamente atrevida y riesgosa, y esto es así pese a que los elementos que evidencian el cambio derivan del propio material sonoro, solo que trabajado de otro modo y estableciendo otras relaciones entre los sonidos.
Es mucho más fácil escuchar a los músicos del Barroco como Vivaldi, Telemann, Albinoni, aun a Bach o Haí«ndel, a los clásicos Haydn, Beethoven o Mozart y a los románticos Schubert, Schumann y Chopin.
Aunque Beethoven, en sus últimos cuartetos y sonatas presenta sus ideas musicales de una manera tanto más compleja y diferente.
Es que la música es un arte temporal y la percepción auditiva requiere un tiempo interno, psíquico podríamos decir, para procesarla. Se escucha música por el placer que provoca el sonido y muy a menudo se la escucha o se le presta una cierta atención, como música de fondo, mientras se ejecutan otras tareas. Pero hay otras formas de escuchar, con mucha más atención, y que necesariamente provocan un goce más profundo. Por ejemplo, escuchar una sinfonía procurando seguir las líneas musicales y reconocer y abrirse a los distintos timbres de tantos instrumentos diferentes que integran una gran orquesta sinfónica.
Esta pequeña digresión sobre como escuchamos música parece pertinente cuando se habla de músicos que introdujeron nuevas sonoridades y nuevas formas de construcción de las obras. Sin duda, pertenece a esta última categoría, el gran músico francés Claudio Aquiles Debussy.
Este compositor nació en Saint Germain-en-Laye, cerca de París, el 22 de mayo de l862 y falleció en París el 25 de marzo de l918, poco antes de finalizar la primera guerra mundial. Su lugar natal, lo homenajeó convirtiendo su casa en un importante Conservatorio de Música que existe hasta el día de hoy. Su padre tenía un pequeño negocio de porcelanas y antigí¼edades y deseaba que su hijo fuera marino. Pero su tía materna, que vivía con el rico banquero Achille Arosa, descubrió tempranamente las extraordinarias aptitudes de su sobrino y le hizo estudiar piano, inicialmente con un maestro italiano y luego con la excelente pedagoga Mme. Mauté de Fleurville considerada, casi unánimemente, alumna de Chopin.
Ingresó al Conservatorio de París a los once años y allí permaneció hasta los veintidós, hasta 1884. Tuvo maestros importantes, los más encumbrados de la época, por ejemplo Marmontel en piano. Sus deberes de Armonía y sus primeras composiciones no lograban satisfacerlos. Todos esos profesores, se habían formado académicamente, en el respeto a normas estrictas de composición, selecciones prefijadas de acordes, uso de tonalidades y muchos principios técnicos que trataremos de explicitar en la medida de lo posible a lo largo de estos apuntes. Merecen destacarse dos maestros que presintieron su enorme talento, el nuevo tesoro que el traía, y lo apoyaron. Ellos fueron su maestro de solfeo, Lavignac y uno de sus profesores de composición Ernest Guiraud, hombre inteligente, amigo de Bizet, el autor de Carmen.
Debussy escribía lo que le brotaba. Buscaba nuevos timbres, otras armonías, menos repeticiones, otras sucesiones de acordes, nuevas resonancias y colores. Mucho más tarde expresó en palabras lo que buscaba: "el placer es la ley".
De todos modos su talento era reconocido. Cuando la Sra. Von Meeks, protectora de Tchaikowsky solicitó un maestro de piano para sus hijos y para tocar con ella a cuatro manos durante unas vacaciones, Marmontel, que le hacía duras críticas, no vaciló en recomendarlo. Con esa familia conoció Viena, Venecia, Florencia y Rusia. En Moscú, tomó contacto con compositores rusos. En l884, tras dos intentos frustrados ganó el codiciado "Premio de Roma", que consistía en una estadía de tres años en la Villa Medici, que él no completó, con el compromiso de enviar periódicamente composiciones al Conservatorio de París.
A Debussy le tocó vivir en un momento de peculiar convergencia de las artes. Concurría a las tertulias del poeta simbolista Mallarmé. Era amigo del pintor impresionista Claude Monet, cuya obra Impresiones daría nombre al gran movimiento pictórico francés. Había una nueva forma de mirar la naturaleza, los pintores sacaban sus atriles al campo, a los jardines, al aire libre. Y percibían los cambios que la luz provocaba en los distintos momentos del día. Repensaron sus medios técnicos y descubrieron un nuevo modo de representación visual. Vivían en un mundo de reflejos e impresiones que variaban según las horas y las estaciones. Mucha influencia tuvo sobre Debussy, la gran Exposición Internacional de Paris de l889. Allí escuchó orquestas javanesas y camboyanas que usaban instrumentos exóticos, otras escalas, modos antiguos, pero todo eso resultaba nuevo, atractivo, diferente. Todo ese mundo sonoro lo atrajo y lo influyó. Se daba en la realidad, uno de esos movimientos pendulares en la historia del arte, en la historia del espíritu humano, que tan bien describiera el intelectual español Guillermo de Torre, en su obra "La Aventura y el Orden"". Y era el momento de la aventura. En la música, hacia l900, había un cierto cansancio del fuego y el policromatismo wagneriano, por lo menos en Francia y en Italia. Se buscaba claridad y sutileza. Otras orquestaciones, menos notas, todas esenciales. Se buscaban los instrumentos antiguos, el clave, la viola da gamba. De este espíritu diferente al arrebato tempestuoso y ultra romántico son muestra las delicadas Canciones de Bilitis, estrenadas en l897, la sonata para flauta, viola y arpa y la música de Daphnis y Chloe de l912.
Un tiempo antes, el 22 de diciembre de l894, Claude de France, como fue finalmente llamado, abrió las puertas musicales del siglo XX.
Ese día, se estrenó su "Preludio para la fiesta de un fauno", una obra de diez minutos de duración, cuyas nuevas y deliciosas sonoridades, habían desorientado a los músicos de la orquesta mientras la ensayaban. El auditorio aplaudió vivamente y hubo que repetirla. El público parisino que treinta años antes no había sentido, ni comprendido, ni gustado la música del preludio del Tristán de Wagner, habí¬a evolucionado en su gusto, en su manera de escuchar y supo recibir la nueva gema que le entregaban.
El gran director francés Pierre Boulez dijo "es con la flauta del fauno que comienza una respiración nueva en el arte musical, en el de su libertad formal.su expresión y su técnica". Lo mismo que la poesía francesa moderna tiene sus raí¬ces en Baudelaire, la música moderna comienza con "La siesta de un fauno".