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  • Editor Enrique M. Otharán
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Espacio cultural

Apuntes sobre música y compositores. A. Shore

Llamado "el quinto Evangelista", no sólo fue un músico insigne, sino, también, un hombre ético. Como bien ha dicho el historiador francés Marcel Brion, "su vida es una partitura magní­ficamente escrita". En ella se inscriben simultáneamente, la construcción del hombre y de la obra.
Nació en Eisenach, Turingia, Alemania en 1685 y falleció en Leipzig en 1750. Fue contemporáneo de ilustres músicos: Haendel y Telemann en Alemania, Scarlatti en Italia, Couperin en Francia. Turingia, región de bosques y pájaros era una zona musicalmente importante y Leipzig era una ciudad universitaria y comercialmente muy activa. Además, su vida transcurrió en distintos principados, debido a su carrera como organista, director de coros y maestro de capilla, o sea, organizador de las diversas ceremonias religiosas. Bach perteneció a una gran familia musical. Durante varias generaciones, por lo menos siete, se transmitió , un legado de padres a hijos. Para los Bach, tocar varios instrumentos, cantar, hacer música de cámara, formar pequeñas orquestas familiares, era algo cotidiano, natural. Dirí­a que se aprendí­a por inmersión ambiental, antes de saber bien qué cosa era la música. Se ejecutaba música popular, por ejemplo, danzas de la época: minué, gavotta, giga, bourrée, allemande, zarabanda , cuyos ritmos usarí­a Bach para componer las Suites inglesas, francesas, y las Partitas, que algunos denominan Suites alemanas, que eran series de danzas para ser escuchadas y que recibieron esas denominaciones por sus caracteres, afines con la música de cada uno de esos paí­ses.
Bellas, alegres, por momentos elevadas o meditativas, con momentos de inspiración lí­rica sobre todo en las de ejecución lenta como la zarabanda o brillantes como la giga, siguen siendo frecuentemente interpretadas tantos años después de ser creadas. Pero esos grupos familiares cantaban también música litúrgica, cantatas y corales, que todos conocí­an a través de los servicios religiosos luteranos. Los coros de las iglesias, que en un primer momento estaban integrados por trovadores, sucesivamente fueron coros de chicos de los colegios parroquiales y luego los formaron los miembros de la comunidad. Lutero, expulsado de Worms por Carlos V, emperador de Alemania, se refugió en el castillo de Wartburg, cercano a Eisenach y desde allí­ influyó enormemente y recibió el apoyo de muchos principados.
En tiempos de Bach, Alemania estaba integrada por unos 350 estados. Principados, ducados, obispados, ciudades libres. Los prí­ncipes eran católicos, luteranos, evangélicos; y con muy pocas excepciones, imponí­an su creencia a sus súbditos. La música y la religión estaban muy unidas. Ser músico no era una profesión lucrativa pero permití­a llevar una vida digna y era un trabajo honorable. Era una época de rivalidades entre los estados y también con Austria, que culminó en l740 con la guerra entre Prusia y Austria, que marcó el inicio de la formación de Alemania como paí­s unificado. Pese a esos conflictos, en el interior de los principados, en esas pequeñas ciudades, la vida era ordenada, metódica, relativamente tranquila, aunque no exenta de imposiciones y Bach tuvo varios sinsabores de orden laboral.
Vivió sucesivamente en Eisenach, Ohrdruf,Lí¼neburg, Arnstad, Mulhausen, Weimar, en dos ocasiones, Cí¶then y finalmente en Leipzig desde 1723. En cada etapa produjo distintos desarrollos en su obra, como si el clima cultural, el ambiente social, la propia evolución de su talento le orientaran una creatividad diferente.
Perdió a sus padres a temprana edad y tuvo que ir a vivir con su hermano mayor, radicado en Ohrdruf, quien si bien le enseñó a tocar el clavecí­n y le dio lecciones de composición, no fue demasiado generoso ni paciente con él. Pero sus dones naturales vinieron en su auxilio y unos años después y gracias a su bella voz, obtuvo un puesto de coreuta en la iglesia de San Miguel, en Lí¼neburg. Estos jóvenes, Bach tení­a en ese entonces menos de quince años, recibí­an una paga escasa y llevaban una vida ardua. Cursaban también filosofí­a, lenguas clásicas, teologí­a , literatura. Para reforzar su magro salario, que cubrí­a apenas sus necesidades elementales, cantaban a veces en fiestas y casamientos. Sus jornadas eran largas, pues tení­a el gusto de copiar partituras de los grandes maestros alemanes, Schí¼tz entre ellos cuya obra estudió y de quien aprendió el manejo de las lí­neas musicales que cantaban los solistas en los recitativos y la alternancia con los coros. , que poco a poco lo fueron convirtiendo en el gran maestro de las cantatas, corales y oratorios. En Lí¼neburg también conoció la música francesa, con su peculiar impronta de delicadeza y elegancia. El prí­ncipe del lugar querí­a convertir su castillo de Cella en una réplica de Versalles. Era muy amante de lo francés. Ahí­ tomó contacto con la música de Couperin y Lully. Además disfrutaba de largos encuentros con el rector de San Miguel, en los cuales se hablaba de filosofí­a y teologí­a. Bach era un hombre sumamente inteligente y estudioso. Cuando terminó sus estudios secundarios en Lí¼neburg, su deseo hubiera sido cursar la Universidad, pero no tení­a recursos y debió seguir buscando su destino por otros caminos.
Luego de una breve estadí­a en Weimar, donde ocupó el puesto de lacayo ?violinista, costumbre de la época, como cuenta el biógrafo Luc André Marcel, se radicó en Arnstadt. Allí­ fue organista y director del coro de niños, que lo impacientaban bastante cuando no tení­an dones o no se esforzaban, así­ como era un fantástico maestro, generoso con el don de sus conocimientos cuando hallaba el eco de alumnos interesados.
Aunque nunca salió de Alemania, al igual que su en parte contemporáneo, el gran filósofo Emmanuel Kant (1724-1804) que casi ni siquiera salió de su natal Kí¶enisberg, Bach hizo varios viajes a distintas ciudades con el objeto de asistir a conciertos de maestros famosos. Estos viajes los hizo siempre a pie. De su perí­odo de Arnstadt data su viaje a Lí¼beck, en cuya maravillosa catedral gótica de Santa Marí­a escuchó al organista más prestigioso de la época Buxtehude, de quien a veces se escuchan obras en los conciertos de órganos que se dan en muchas de las hermosas iglesias de Buenos Aires y que poseen excelentes instrumentos. En ese entonces, entre 1704 y 1707 Bach ya era un organista prestigioso. Pero era humilde. "No es nada, dijo, basta apretar la nota justa en el momento adecuado". Para poder ir a Lí¼beck, habí­a solicitado un permiso de un mes, que le fue concedido. Pero en esa iglesia se encontró con una fastuosidad colosal que él no conocí­a. Una excelente orquesta de cuarenta instrumentistas, cuando lo habitual eran a lo sumo catorce o alguno más, y un ambiente realmente estimulante. Resultado: se quedó cuatro meses. Cabe imaginar el menudo escándalo que se armó a su regreso. Pero éste no se debió sólo a su ausencia. Volvió cambiado en su forma de ejecutar, de componer, de improvisar. Su música se hizo más compleja y no gustó a la gente de Arnstadt. Su próximo destino fue Mí¼lhausen, donde obtuvo un puesto de organista y donde se casó con su prima Marí­a Bárbara Bach. La corte de Mí¼lhausen era pietista. El pietismo era una rama escindida del luteranismo. Eran personas austeras y querí­an un canto sencillo, despojado de ornamentos. Pero aunque le permití­an seguir practicando su luteranismo, que era su forma de vida religiosa, la que le habí­an inculcado sus padres y a la que adherí­a por propia convicción, sus conceptos musicales ya estaban orientados en otra forma de sentir y componer, de modo que buscó otro destino y lo encontró en Weimar, cumpliendo una segunda estadí­a pero con otro carácter. El prí­ncipe era amante de la música y le facilitó varios órganos excelentes. Ahí­ también aprendió mucho sobre la construcción y reparación de órganos, lo que le valió algunos ingresos adicionales. Era también violinista de la orquesta. La vida transcurrí­a en largas jornadas de trabajo y, por la noche , veladas musicales en el seno de su familia, y siempre crear, prolí­fico, inspirado e incansable como era. Para él, la felicidad era su vida de familia y la composición, como lo dejó dicho, "para la gloria del Señor".
Adela Shore


Ultima actualizacion: lunes 21 de mayo de 2012, 10:06 pm