Espacio cultural
Apuntes sobre música y compositores
Publicado el 03.10.2005.
Sturm und Drang (tempestad e ímpetu) es el título de una obra escrita por el dramaturgo Klinger. Dicho título sirvió para denominar el período prerromántico -que marcó la transición del iluminismo, racionalismo y clasicismo del siglo XVIII, armonioso y mesurado, con sus normas precisas para la composición musical- al siglo XIX con su exaltación del yo, del pasado y las historias nacionales, de una vida más libre y menos acotada en la expresión. Todo ello se dio en el campo de la pintura, de la literatura y de la música. Goethe, fue uno de sus promotores.
Beethoven es la bisagra que, en el campo musical, articula la transición y es considerado el primer romántico. En estos días, en Buenos Aires, el gran pianista argentino Bruno Gelber, ha interpretado de manera memorable los conciertos para, piano y orquesta de Beethoven. Ya en el primero aparece el espíritu romántico y como bien dice el crítico Juan Carlos Montero, el cuarto concierto es el más romántico de todos.
Beethoven recorrió un largo camino desde sus tres primeras sonatas para piano, dedicadas a quien fuera su maestro, Joseph Haydn, más ajustadas a las reglas tradicionales de la composición, hasta sus obras finales que dan a luz el espíritu nuevo o la nueva posición espiritual de los hombres del siglo XIX.
Los dos primeros conciertos presentan pasajes brillantes en el piano. Recuerdan la gracia mozartiana y esa vitalidad vienesa, tan refrescante. El concierto número tres, en la tonalidad de do menor, es de l800. En esta obra Mozart está presente, pero ya aparecen otros conceptos, los que Beethoven irá construyendo, y que definirán su estilo inconfundible: dramaticidad en muchos temas, alternancia con momentos de placidez, un uso del silencio que interrumpe el sonido y crea un momento de expectativa. No es sólo un respiro, cualquier pausa, sino que crea una atmósfera por la forma en que termina una frase y por lo que sigue a continuación. Otra riqueza de timbres, en una orquesta ampliada, sonoridades más ricas y variadas, los pases súbitos de un pianísimo apenas audible a una sonoridad muy fuerte.
Luego, en el Concierto número cuatro, en sol mayor, que es de 1806, ya entrado al siglo XIX. Pero no está en relación a lo obvio de la fecha, sino a la mención anterior referida a una nueva posición espiritual y en consonancia con ella, para efectivizarla, un nuevo uso de los medios musicales. En ese cuarto concierto es muy evidente la finalidad artística. El logro de los efectos expresivos por encima del puro virtuosismo, aunque es menester ser un virtuoso como Gelber para lograr esa finalidad expresiva, esa conmovedora introspección, esa poesía que inunda el alma. Y finalmente, el quinto concierto, comúnmente conocido como el emperador, con los temas alternativamente ejecutados por violines y clarinetes, otras cuerdas y luego trompas. Un puro deleite de timbres que son como colores de la paleta orquestal.
En cuanto a su producción de música de cámara, así llamada por su carácter más íntimo y su sonoridad atenuada -ya que se trata de música ejecutada por pocos instrumentos-, nos ha dejado dentro de este género, diez maravillosas sonatas para violín y piano, que son un diálogo ejemplar y variadísimo entre ambos instrumentos. A menudo se oye decir, la sonata tal, para violín con acompañamiento de piano y en modo alguno es así. Ni siquiera es así en la canción de cámara, pues los grandes compositores saben adaptar el espíritu de la poesía a la música, creando una unidad. Esto se ha visto al hablar de los lieder de Schubert, en los cuales el lirismo de la poesía se integra perfectamente con el sonido. Esos son ejemplares. Los lieder de Beethoven, en realidad no llegan a la altura del resto de su producción. En su interesante libro "Poética musical", el gran compositor ruso Igor Stravinsky afirma que Beethoven carecia del don melódico. Pese a lo autorizada que pueda ser esta opinión por provenir de quien proviene, somos legión los que no la compartimos, porque encontramos trozos de gran inspiración melódica en muchas de sus obras. En materia de música de cámara, compuso sonatas para violoncello y piano, y para distintas agrupaciones de instrumentos.
Mención aparte merecen sus cuartetos. Compuestos para la formación clásica: dos violines, viola, cello, muestran el mismo camino evolutivo de sus sonatas, conciertos y sinfonías. Los primeros evidencian su parentesco con el modelo de Haydn, elegancia y equilibrio clásicos, aunque aparecen ciertos ímpetus y melancolías de su temperamento.
Años después, los primeros datan de l8l8, aparecen los dedicados al conde Razumovsky y corresponden a lo que se considera el período medio de su obra. En otras palabras, "en el medio del camino de la vida". Los últimos , compuestos en sus años finales, en l825 y l826 son especialmente bellos y logrados. Un destacado biógrafo de Beethoven, el musicólogo francés André Boucourechliev, llama a su últimos cuartetos "edificios interiores" y los considera una de las formas más adultas del pensamiento musical. Son obras que expresa y provocan un hondo estado espiritual, elevado, religioso. Un personaje de la novela "Contrapunto", del escritor inglés Aldous Huxley, escribe, refiriéndose al cuarteto opus 132, "la paz inefable persistía. Estaba viva. Parecía crecer e intensificarse, convertirse en calma activa, en serenidad casi apasionada. La paradoja milagrosa de la vida y el descanso eternos, se había realizado musicalmente."
Otras obras que ha producido son su bello concierto para violín y orquesta, sus Variaciones para piano, la ópera Fidelio con varias oberturas llamadas Eleonora. Un estupenda Misa Solemnes y, además, muchas otras.
Sus sinfonías
Durante el siglo XVIII, la parte orquestal, instrumental, inició su separación de la parte cantada en óperas, misas y oratorios. Así comenzó el surgimiento y la organización de la forma instrumental por excelencia: la sinfonía. Ello ocurrió en la ciudad alemana de Manheim y siguió evolucionando hasta los deslumbrantes tapices sonoros de las obras de Rimsky Korsakoff, Berilos, y Richard Strauss en el siglo XX, sin olvidar a Gustav Mahler.
En Manheim habían aparecido las variaciones de la sonoridad en forma de crescendo y decrescendo o sea, lo que se entiende por dinámica, una alteración no brusca sino progresiva de la sonoridad. Las más difundidas sinfonías de Beethoven son la Tercera, llamada Heroica, la Quinta, quizá la más conocida, la Séptima, Pastoral, que Walt Disney usó en su película "Fantasía". En cuanto a su Novena sinfonía, Beethoven entusiasmado con una poesía de Schiller, escribió esta obra grandiosa si las hay .Ese famoso coro de la Oda a la Alegría, con sus bellas primeras palabras "todos los hombres se hermanan", resuenan hoy como un deseo incumplido.
Su obra es como un ser vivo en estado evolutivo, carente de segmentos involutivos. Con él la escritura pianística experimentó un gran desarrollo, ya que exploró todas las posibilidades de un instrumento relativamente nuevo. En sus obras hay fragmentos percusivos, tanto como cantos de violines. Pese a avances posteriores, Chopin, Schumann, Liszt, Debussy, todo lo que él supo extraer del piano permanece como una construcción única. Privilegió siempre la comunicación, la expresión de lo que sentía, Fue por eso mismo un excelente pianista. Lamentablemente, a medida que desde tan joven fue perdiendo la audición ya no pudo afrontar al público y esa fue su tragedia. También es una pena profunda para quienes lo admiramos y le estamos agradecidos por lo mucho que nos dio, por el mundo que nos mostró.
Adela Shore
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