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  • Editor Enrique M. Otharán
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Espacio cultural

Apuntes sobre música argentina


Se ha visto, en la primera parte de estos apuntes dedicados a la música de nuestro paí­s, que receptiva fue la sociedad argentina, desde sus orí­genes coloniales, en especial para géneros como la ópera y la zarzuela, lo cual no es nada sorprendente dado el origen de las dos principales corrientes inmigratorias que se establecieron en el paí­s. Todo este movimiento fue floreciendo cuando comenzaron a egresar los primeros profesores y maestros de música, de las escuelas que hemos mencionado. Además y en años sucesivos fueron llegando, de distintos paí­ses e impulsados por diferentes razones, a partir de mediados del siglo XIX y en la mitad del siglo XX, grandes maestros como Vicente Scaramuzza, Augusto Sebastiani, Lalewicz, que procedí­a de Polonia y Ljerko Spiller de Croacia.
Ellos formaron discí­pulos, muchos pianistas y violinistas, algunos de ellos de fama internacional, como Marta Argerich, Bruno Gelber, Pí­a Sebastiani.

Pí­a Sebastiani

Bruno Gelber

Martha Argerich

El maestro Ljerko Spiller creó una importante escuela violiní­stica y aún sigue activo con sus noventa años.
En Buenos Aires, en la década del 30 y del 40, cuando se caminaba, por ejemplo, por las calles del barrio de Almagro, se escuchaba tocar el piano. Cada dos o tres casas habí­a un piano en la sala. Muchos de los grandes maestros del tango, Carlos Di Sarli y Horacio Salgán, por citar sólo a dos, tuvieron formación clásica y estudios muy serios.
Al mismo tiempo, aunque tardó un poco más, el bello folklore argentino originario de las provincias del Norte, del litoral, de la llanura pampeana, de la zona de Cuyo, se extendió lentamente por todo el paí­s.
La lista de creadores argentinos es impresionante. No otra cosa se puede decir. Siempre insistiré con lo mismo: nuestros grandes compositores no son difundidos, no son conocidos. Su música no se escucha por los medios. Serí­a justo que hubiera más asociaciones, como la formada por un grupo de jóvenes, con el propósito de difundir la obra de un compositor tan interesante como Ernesto Drangosch.
Es tarea ardua seleccionar sólo unos pocos nombres, y decir algo acerca de ellos. Claro que mucho mejor es escucharlos.
Alberto Williams, maestro de maestros, es considerado el decano de la música nacional. Realizó una gran obra como compositor y maestro. Nació en Buenos Aires en 1862 y falleció en su ciudad natal en l952. Una vida larga, fecunda, importante para el paí­s. El conservatorio que fundó aún existe. A los veinte años se fue a estudiar a Parí­s con una beca. Allí­ fue alumno de Jorge Mathias, discí­pulo de Chopin. Estudió composición nada menos que con Cesar Franck. Además trabajó en dirección orquestal, armoní­a y contrapunto con otros maestros destacados. Siete años después, en 1889, regresó al paí­s. Como pianista ofreció muchos recitales en Europa, y como compositor, tuvo el honor de que el gran director Arturo Toscanini, en l940, dirigiera en Estados Unidos su Séptima Sinfoní­a ¿Por qué acá jamás se toca? Un misterio argentino...
Si bien, sus primeras obras, son reveladoras de su estadí­a europea, con una clara influencia francesa y alemana, cuando retornó a su paí­s supo sentir el latido de su tierra natal, los aires criollos de la guitarra, la profunda soledad de la llanura. Hay obras paradigmáticas en ese sentido como El rancho abandonado y Aires de la pampa.
También compuso obras corales y de cámara: para canto y piano, violí­n y piano, cello y piano. Obras sinfónicas y, como maestro que era escribió textos para la enseñanza del piano. Fue distinguido por Francia con la medalla de la Legión de Honor, pero también su paí­s lo honró en varias oportunidades, en especial en una oportunidad con un gran concierto en el Teatro Colón. Era un hombre talentoso y activo.
Siempre recordaré su visita a mi escuela primaria.
En mi memoria está asociado a otro inspector que tuve ya en la escuela secundaria, el astrónomo Martí­n Gil, que nos hablaba de la belleza del universo y de los sonidos. Estos dos recuerdos se unieron para siempre en mi mente, cuando en la facultad de Filosofí­a y Letras aprendí­ que Pitágoras hablaba de la música de las esferas.
Alberto Willliams fue un hombre querido y su música seguirá embelleciendo la tierra argentina, mientras los seres sensibles se conmuevan con sus milongas y vidalitas
Quisiera rendir un homenaje a Washington Castro, fallecido hace poco. Fue un director de orquesta, cellista y compositor destacado. Junto a sus hermanos Juan José y José Marí­a integró una destacada actividad pionera y formadora.
El 18 de octubre de 1915 fue fundada la Sociedad Nacional de Música con el fin de difundir la obra de los creadores nacionales y también para estimularlos. Dicha Sociedad consiguió que se establecieran los Premios Nacional y Municipal y la edición de obras por la Comisión Nacional de Bellas Artes.
Felipe Boero (1884-1954). Para decir algunas palabras que reflejen la importancia de este músico, nada puede ser más claro, que el bello prólogo que Fermí­n Estrella Gutiérrez escribió para la biografí­a que sobre su padre escribiera Carlota Boero de Izeta.
Esas palabras se aplican a los verdaderos artistas en general, sean o no famosos. Dice así­: "Hay seres que llevan en sí­, fundidos en su total personalidad, las esencias mismas del arte o de la vocación que cultivan. Poetas que lo son, no solamente en sus escritos, sino en su vida, en sus costumbres, en los menores detalles de su existencia...
Músicos para quienes la vida de relación, las conversaciones, el ir y venir de la existencia diaria, los problemas y preocupaciones cotidianas, se homologan, por así­ decirlo, en un hilo musical, sutilí­simo y como oculto, que los envuelve y da sentido a todo su ser. Músicos en los cuales la vida interior y exterior, las cosas, las ideas y los hechos, no son sino una ininterrumpida y fluyente secuencia musical, una armoní­a de ritmos que va, desde lo próximo y terrenal hasta la música pitagórica, intuí­da, más que oí­da, en los espacios siderales y en el infinito? Felipe Boero, el autor de Raquela y El Matrero, era uno de estos artistas, total y consustancialmente hecho una misma cosa con su arte y su vocación".
Además de pianista y compositor fue profesor de música en la Escuela de Profesores Mariano Acosta, organizó coros en escuelas para adultos del entonces Consejo Nacional de Educación, coros de gente de distintos oficios, que llegaron a presentarse con aplauso de la crí­tica en el Teatro Colón.
Fue autor de operas exitosas en su momento como Tucumán (1918), Raquela (1923), El Matrero (1929), Siripo (1937), obras para piano y para piano y canto, basadas en textos de grandes poetas como Carlos Guido Spano, Rafael Obligado, Arturo Marasso, Arturo Capdevila y muchos otros. Merecerí­a ser escuchado.
Si me es permitida una intimidad, quisiera decir que una nieta mí­a, en Italia, siempre incluye en sus audiciones música argentina. "El Palito" de Felipe Boero, el "Huaino", de Iglesias Villoud, Obras de Carlos Guastavino, y los atractivos Estudios sobre ritmos y formas de la tradición musical argentina. Y en varias oportunidades le han pedido las partituras. Eso es algo pequeño, pero deberí­a alegrarnos.
Adela Shore

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Ultima actualizacion: lunes 21 de mayo de 2012, 7:06 pm