Ediciones Médicas / Editorial / Remuneraciones profesionales



Right menu

  • Editor Enrique M. Otharán
Publicidad
Banners de intercambio no rentables
Powered by eZ Publish

Editorial

Remuneraciones profesionales


Publicado el 24.08.2005.
Remuneraciones profesionales
Por el Dr. Horacio Dolcini

Se ha organizado esta nota en dos partes: la primera dedicada a presentar algunas consideraciones de orden general y la segunda para analizar aspectos objetivos que permitan fundamentar una propuesta de acción.
Es necesario aclarar que aunque se utilice el término "médicos", en realidad se habla en un sentido más amplio de los profesionales de la salud y que en el texto se utilizan ambos términos continuamente, porque se entiende que todos hablan de todos, con el debido respeto hacia aquellas peculiaridades que, aunque se identifican a través de las diferencias, hoy es necesario encontrarles el significado que permita la unión.
Nunca se ha conocido como se determinaron las remuneraciones que "disfrutan" los médicos en el presente, pero seguramente si lo conociera se demostrarí­a la evidencia que se uso el método del "ojí­metro", es decir una estimación sin contar con criterios objetivos, más allá del hábito o la costumbre.
Se ha argumentado hasta el cansancio sobre el impacto de los salarios médicos en el costo de la salud. Sin embargo, en diversos paí­ses entre 1975 y 1995 los costos por paciente aumentaron entre 270 y 300%. El costo directo de honorarios médicos se mantuvo estable entre 60 y el 70%, aunque el número de personas que necesitaron atención de su salud, aumentó. Sobre esto, es posible que no se sepa nada en nuestro paí­s, aunque una somera revisión mostrarí­a seguramente resultados similares.
Los profesionales de la salud dependen de alguna de las paradojas de la modernidad. Aquí­ va una: cuanto más educada es una sociedad más alta es la demanda sobre los servicios de la salud y la aplicación de las tecnologí­as de avanzada. Por supuesto que este hecho no puede tener peso a la hora de considerar el crecimiento educacional. Tampoco se toma en cuenta para las remuneraciones del personal de salud.
Cuando los prestadores hacen promoción de sus equipos más sofisticados -especialmente en el ámbito privado -crece exponencialmente la demanda del público para contar con la utilización de esos equipos. Como es lógico, los prestadores privados quieren tener la mayor cantidad de asociados posible, que paguen su cuota y que no utilicen la alta tecnologí­a que ellos promocionan como fundamento de la calidad de la atención médica que prestan. Por supuesto no radica esencialmente en los aparatos sino en los recursos humanos. Sin embargo, nadie habla de esta realidad, especialmente porque ahora todos tienen todas las tecnologí­as y entonces ¿cuál es la diferencia?
En realidad la salud es barata en la Argentina, si comparamos son otros paí­ses similares, porque los servicios pre-pagos y mutuales cobran poco a sus afiliados en relación a la diversidad de oferta, que sólo pueden realizar proletarizando al sector profesional que presta los servicios.
Es muy probable que si se preguntara a la población cual es el tipo de atención a su salud con que desea contar, en primer lugar entrarí­amos que se prefiere la de un médico de cabecera, de familia, de atención primaria o cualquier otro sinónimo que se les ocurra y esto es válido para cualquier nivel social que se explorara. Es decir que quieren atención personalizada como primer valor para si salud y nosotros hacemos esto muchí­simas veces, aunque no todas las que fueran necesarias, por 8 o 10 pesos la consulta de 30 a 45 minutos, y en ocasiones más. Por supuesto, una encuesta así­ no se ha realizado nunca en el paí­s.
La atención de la salud ha sido en cada época, la que quienes la tienen a su cargo creen que debe ser, y es por ello que los mismos médicos deberí­an ser los asesores naturales en la materia, aunque no aquellos que están en la polí­tica, sino quienes están en el campo del trabajo y en las organizaciones no polí­ticas de la salud. En general esto ha ocurrido sólo cuando hay problemas de esos que queman como papa caliente que nadie quiere asumir.
Dí­as atrás apareció en un periódico de la salud lo que decí­a un contador sobre como deberí­amos atender a los pacientes y esto con todo respeto por los conocimientos médicos de los contadores o de los polí­ticos o periodistas que hablan de la "cirugí­a mayor o de la cirugí­a radical" sobre asuntos tan vinculados a la salud como la deuda externa.
Hablando de organizaciones médicas es bueno recordar que nunca se han movido para romper la inercia del instrumento social de explotación profesional, con referencia al indigno y repudiable nomenclador nacional.
Por último, es hora que el profesional reconozca sus culpas porque nunca se ha unido con sus colegas para defender su profesión; tal vez porque el deseo del poder y la gloria los hace egoí­stas y envidiosos de los demás colegas hermanos (y no es casualidad que en francés se acostumbra decir chere confrere donde frere es hermano aunque se traduzca como colega).
Esta falta de solidaridad para uno mismo no quita sin embargo, el valor de haber sostenido la salud de la población en momentos de altí­sima inflación, trabajando con remuneraciones que han afectado el patrimonio y el bienestar del médico y sus familias.
Es por esto que es justo que el médicos sean considerados "beneméritos de la sociedad".
Esa sociedad que sin embargo, valora las huelgas de profesionales de la salud no sólo incómodas y molestas, sino que también como humanamente intolerables.
Es esa misma sociedad la que reconociendo todo esto, continúa reclamando formas de atención que no reclama a ningún otro profesional, tratando de obtener el máximo al menor costo posible... lo cual es plausible, siempre que no vaya mas allá de un lí­mite razonable, que para nuestro casi hace mucho, mucho tiempo que ha sido sobrepasado largamente.
Después de estas consideraciones -inevitablemente apasionadas, pero por las cuales no se pide disculpa- se expondrán algunos estudios que permitirí­an lograr criterios objetivos para determinar las remuneraciones de los profesionales de la atención de la salud.
Algunos de los que se citan -sintéticamente en homenaje a la brevedad- han sido realizados por comisiones especiales que los elevan a los órganos de gobierno como elementos de juicio que estas utilizan para fijar las remuneraciones profesionales, sobre la base de leyes.
El trabajo profesional se considera compuesto por tiempo, esfuerzo mental y juicio, habilidades técnicas, esfuerzo fí­sico y, además, estrés.
Se realizan mediante encuestas a todo nivel y se analizan los parámetros de confiabilidad, reproducibilidad, consistencia y validez, es decir se trabaja con criterios y metodologí­a cientí­fica para evitar las subjetividades.
Se consulta como control con profesionales que no participan en las encuestas, encontrándose que sus criterios y parámetros evaluativos coinciden con los de quienes son encuestados.
Los valores resultantes se cuantifican monetariamente y queda así­ establecida una escala de remuneraciones que incluye todos los elementos en juego en las tareas de atención a la salud.
Por último, hay mucho por hacer, si se es capaz de trabajar juntos y unidos para defender los derechos en forma objetiva y honesta, no necesitando para ello crear ninguna asociación porque en cada entidad tiene sus propias formas de consulta y puede participar en estudios conjuntos sin perder su identidad y haciendo valer el peso de sus asociados... eso si, vamos a necesitar mucho esfuerzo, mucha transpiración y una buena dosis de la tozudez de las mulas.

Horacio A. Dolcini
Doctor en Medicina
Co-Director del Código de í‰tica de la Asociación Médica Argentina (AMA).
Miembro del Tribunal de í‰tica del AMA.
Presidente del Comité de Bioética AMA.

Nota de la redacción:
El director del portal ha recibido en estos dí­as la carta de un médico que revela su angustia ante la situación imperante entre los profesionales de la salud, meros instrumentos de este sistema perverso que afecta a toda la sociedad, particularmente a los pacientes y a sus médicos. Entre otras cosas, dice lo siguiente:
"Yo no puedo decir que tengo un buen pasar que me sobra, pero es un camino que elegí­: 23 años de médico, 20 de bioeticista, 13 de mitologí­a, 20 de docente, es el camino inverso al de Midas.
A eso hay que sumarle el trabajo del médico diezmado por la evidencia los auditores mediocres, la mala remuneración, los intrusos en medicina (contadores, gerenciadores, empresarios, el auditor mediocre aludido, los abogados) el sometimiento al bono rosa de IOMA, los médicos que medicalizan, la judicialización de los actos médicos, todo conduce al malestar, al origen de la tragedia: el desfondamiento de la bona fide y la desnaturalización de la relación médico-paciente. La sombra de los propedeutas (de polis en polis), se yergue sobre los asclepí­adas, el báculo de Asclepio como instrumento de sanación mágico-mí­stico corrompido por los avatares de la mercantilización y la disociación ideo-pragmática de los ideales subsumidos a los intereses tecnocentí­ficos.
Rescatar el báculo de Asclepio y no el caduceo de Hermes, dios de los ladrones y de los sofistas oradores y escritores de pluma florida y dudosa moral; tal el singular desafí­o que estamos dando.
Se trata del camino de la virtud tan preciada por los griegos, claro que todo en demasí­a es malo, como la cicuta a Sócrates, que cometí­o Hybris o sea demasiada virtud, reservada a filósofos, héroes o artistas trágicos.
Alguna vez leí­ que alguien que hizo honor a esos principios, creo que en un libro "clase B" de A.J. Cronin, médico de la era preantibiótica en Inglaterra llamado La Ciudadela, que narra las desventuras de un médico; al morir tuvo en su epitafio una frase que quisiera para mí­: " Fulano de tal, médico, mi querido médico".

Enrique M. Otharán
Editor

Comentarios a edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar


Ultima actualizacion: lunes 21 de mayo de 2012, 6:55 pm