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  • Editor Enrique M. Otharán
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Editorial

Hoy es el día del médico.

Publicado el 03.12.2008.

Podría ser esta una nota llena de ternura y nostalgia, pero no podemos eludir la realidad que sacude a nuestro país.
Desnutrición, mala educación sanitaria y su consecuencia, el aumento de la mortalidad infantil. Gobernantes que piensan más en su permanencia en el poder que en solucionar los problemas vitales que nos amenazan todos los días. Pérdida de valores en todos los estamentos y malos ejemplos.
Pero hoy es el día del médico, de todos los médicos. De aquellos que han logrado convertirse en profesionales bien formados en los aspectos técnicos, prácticos y teóricos de la profesión y que ejercen la profesión con abnegación, pero también de aquellos que, víctimas del sistema actual, no lo han logrado. De aquelos con firmes conceptos éticos y de los otros, los que carecen de ellos y que claudicaron ante el sistema.
De los que tienen la responsabilidad de no callar y sacudir las estructuras para renovar la fe.
Es época de medicina basada en la evidencia, de gerenciadores, de administradores y auditores represores y de judicialización. Medicina en permanente defensa.
Una medicina con un sistema perverso para nosotros los médicos y para nuestros pacientes, esos que depositan el control de la salud y la enfermedad en nuestro en nuestras manos.
Y no hablar de los médicos jóvenes, con guardias y reemplazos mal pagos y, además, la carga de toda la responsabilidad. Es tiempo de ocho pacientes por hora con salario vil. Y dije salario, no honorario.
El bioeticista platense Dr. Marcelo Ocampo expresó lo siguiente, con respecto a este tema: "en este contexto, de poderío y perplejidad de la medicina, la medicalización de la vida se encuentra en su cima y los medios de comunicación mostrando imágenes de cuerpos perfectos y prometiendo curaciones milagrosas, terapia génica, depósito de embriones, células madres de cordón, el código genético como nuevo oráculo a consultar para garantizar la ilusión de una vida feliz, con la solución mágica al alcance de las manos (y de pocos bolsillos para comprar ilusiones) en las vidrieras de la mercadotecnia. En esta situación, la relación médico paciente está desfondada, y desnaturalizada”.
Prosiguió Ocampo: "A eso hay que sumarle el trabajo del médico diezmado por la evidencia los auditores mediocres, la mala remuneración, los intrusos en medicina extraños a la cabecera del enfermo: contadores, gerenciadores, empresarios, el auditor mediocre aludido, los abogados, los sindicalistas de las obras sociales, etc. Esta burocratización junto a la medicalización de la vida y a la judicialización de la medicina, conducen al malestar, al origen de la tragedia: el desfondamiento de la bona fide y la desnaturalización de la relación médico-paciente. La somatocracia y el poder de la medicina, junto a la tecnocracia y la explosión en los costos, colocan al borde del abismo al médico y a la medicina".
Otro bioeticista, el Dr. Horacio Dolcini expuso en un artículo: "En realidad la salud es barata en la Argentina, si comparamos son otros países similares, porque los servicios prepagos y mutuales cobran poco a sus afiliados en relación a la diversidad de oferta, que sólo pueden realizar proletarizando al sector profesional que presta los servicios.
Es muy probable que si se preguntara a la población cual es el tipo de atención a su salud con que desea contar, en primer lugar entraríamos que se prefiere la de un médico de cabecera, de familia, de atención primaria o cualquier otro sinónimo que se les ocurra y esto es válido para cualquier nivel social que se explorara. Es decir que quieren atención personalizada como primer valor para su salud y nosotros hacemos esto muchísimas veces, aunque no todas las que fueran necesarias, por 18 o 20 pesos la consulta de 30 a 45 minutos, y en ocasiones más. Por supuesto, una encuesta así no se ha realizado nunca en el país."
Días atrás apareció en un periódico de la salud lo que decía un contador sobre como deberíamos atender a los pacientes -continúa Dolcini y coincidiendo con Ocampo- y esto con todo respeto por los conocimientos médicos de los contadores o de los políticos o periodistas que hablan de la cirugía mayor o de la cirugía radical sobre asuntos tan vinculados a la salud como la deuda externa o la crisis mundial".
Una interesante autocrítica de Dolcini se expresa al decir "es hora que el profesional reconozca sus culpas porque nunca se ha unido debidamente con sus colegas para defender su profesión; tal vez porque el deseo del poder y la gloria los hace egoístas y envidiosos de los demás colegas hermanos (y no es casualidad que en francés se acostumbra decir chere confrere donde frere es hermano aunque se traduzca como colega)".
"Esta falta de solidaridad para uno mismo no quita sin embargo, el valor -explicó el Dr. Dolcini en su artículo- de haber sostenido la salud de la población en momentos difíciles, trabajando con remuneraciones que han afectado el patrimonio y el bienestar del médico y sus familias".
Nuestro homenaje a todos los médicos que nos han dado desinteresadamente su abnegación, su ciencia, su ejemplo como hombres de bien y a nuestros maestros, a quienes recordamos con cariño. Al médico de familia, consejero de varias generaciones, y que hoy parece resucitar entre las cenizas.
No bajemos los brazos, sigamos luchando por mejorar las falencias del sistema sanitario, por el bien de nosotros y de nuestros pacientes, la razón de la existencia de esta profesión.
Para terminar, el homenaje al hombre por el que se conmemora el día del médico, el cubano nacido en la ciudad de los tinajones, Camagüey, el doctor Carlos Finlay.

Enrique Otharán
edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar

Fotografía
AZprensa.com


Ultima actualizacion: lunes 7 de septiembre de 2009, 10:23 pm