Editorial
Dr. Enrique Belocopitow (1926-2007)
Buenos Aires, 09.01.2007.
Esta nota está sesgada por una importante carga emocional.
Hoy al abrir La Nación, bien temprano, recibí el impacto de la noticia de la muerte del Dr. Enrique Belocopitow. Un golpe inesperado para quienes como yo, nos nutrimos de su paciencia, dedicación y creatividad. Aún siendo mayor, achacado por una afección osteoarticular y otra hematológica podía enfrentar con entusiasmo juvenil la tarea que lo apasionó la mayor parte de su vida: la divulgación científica. Belocopitow nació en Buenos Aires el 24 de octubre de 1926. Hizo sus estudios secundarios en el colegio Industrial Oeste -hoy Ingeniero Huergo-. Logró su doctorado en Química en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, trabajando en un tema vinculado con la regulación de las fuentes energéticas de los seres vivos, bajo la dirección del doctor Luis Federico Leloir.
Luego investigador de la Carrera del Investigador del CONICET y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
Fue uno de los pioneros del periodismo científico. Preocupado por el aislamiento de los investigadores del resto de la sociedad, en 1983 puso en marcha el CyT -Programa de Divulgación Científica y Técnica- con el objeto de hacer conocer a través de los medios de comunicación masiva, principalmente escritos (diarios y revistas) los trabajos y descubrimientos relevantes producidos por los investigadores argentinos en particular y por los del resto del mundo en general. La principal herramienta fue la capacitación como divulgadores o periodistas científicos de graduados universitarios o terciarios a través de, principalmente becas anuales de dedicación exclusiva y cursos que desde 1985 se llevaron a cabo anualmente. Se concedieron sesenta y siete becas y participaron del curso más de cuatrocientos graduados universitarios de todas las carreras.
Durante la capacitación de estos recursos humanos se generaron alrededor de 40.000 notas periodísticas con temas científicos publicadas por los diarios y revistas más importantes del país, de la capital y del interior. En conjunto, estos medios colocaron 2.500.000 de ejemplares, lo que permite calcular 10.000.000 de lectores potenciales.
Hace tres años dirigió el curso de periodismo científico dictado conjuntamente con la Lic. Ma. Ana María Vara del que fui uno más. Ahí empecé a conocer la ardua tarea que desempeñó durante más de 25 años, al lado de su maestro, el Premio Nobel Dr. Luis Leloir, fallecido el 2 de diciembre de 1987.
Su trayectoria fue notable
Esa tarea, tan relevante, le permitió obtener en 1998 el premio Kónex de platino en el rubro Divulgación Científica. Integró el jurado en varias oportunidades y, además, fue su presidente durante algunos años.
Fue distinguido con otros premios y distinciones, bien merecidos por cierto.
Es difícil escribir sobre un ser apreciado y respetado.
Belo, como le decían sus amigos, me distinguió aceptando escribir la biografía de Leloir para nuestro diario médico digital.
Estimado Dr. Belocopitow, acepte nuestro humilde homenaje.
Enrique Otharán
Director
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