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Editorial

Despenalización de las drogas, el manjar de los dioses o el jardín de los monstruos

Publicado el 02.01.2009.

Las políticas de represión desde el código penal, se esperan para los narcotraficantes y los nichos supuestos del poder que los apaña por oscuros intereses mercantiles.

Autor Marcelo Ocampo, La Plata.

La posible despenalización de las drogas para consumo personal fue defendida hoy por los especialistas que impulsan el proyecto oficial, mientras la oposición advirtió que el negocio del narcotráfico "está muy vinculado al poder".
El Dr. Mario Korman, master en drogodependencia, en una entrevista al diario Crónica de Comodoro Rivadavia, expresó que "como psiquiatra y psicoanalista considero yo que la despenalización de la droga no necesariamente habrá de incidir en el consumo mayor o menor. ¿Por qué motivo? porque en verdad un sujeto adicto o toxicómano no ha de consumir con el propósito de transgredir leyes, no es esto lo que mueve al consumo, de manera que penalizado o despenalizado, no habrá de incidir en el hacerse del tóxico con el afán de consumir".
Sin lugar a dudas, el tema de la droga hunde sus raíces en la condición humana, el hombre que necesita evadirse usando distintas drogas y que supieron ver algunos destacados mitólogos, filósofos y antropólogos en la Antigua Grecia. Se trata de la irracionalidad del hombre, de curas milagrosas, de chamanes, de Dionisos, pero una cosa es el uso de drogas en el contexto sagrado y otra el uso hedonista o el uso
masificado en una sociedad marcada por lo profano, lo secular, la inequidad, la vulgaridad y lo peor el negocio de los narcotraficantes y del poder.

¿Cuál es el marco legal en nuestro país?
Una breve referencia al la ley 23.737 de estupefacientes del año 1988, que es taxativa en cuanto a la tenencia de estupefacientes, incorpora métodos novedosos con el fin de que el Estado no resigne su función primaria de ayuda al adicto y castigo a los dealers, y sus jefes, con penas de cárcel y sanciones económicas.
De ahí a la despenalización para el consumo que está considerando la Suprema Corte de Justicia de La Nación abra una cuenca semántica, la cuál si se aprueba, habrá que transitar de la mano de un desarrollo de políticas sanitarias tendientes a desalentar el consumo en los jóvenes y a la atención de los adictos en los organismos sanitarios de todo el país.
El consumo de drogas es considerado como una de las "acciones privadas de los hombres" tal como lo establece el artículo 19 de la Constitución Nacional Argentina, y por tanto, no es materia de los jueces el juzgarlo.

¿Qué pasa en otros países?
Si bien son realidades sociales muy diferentes entre Latinoamérica y Europa, es importante a la hora de la despenalización considerar los resultados de políticas represivas y políticas basadas en la ayuda al adicto .El gobierno holandés de entonces no vio ningún motivo para adoptar como punto de partida el hecho de que cada consumo de cannabis y opiáceos incluye ya de por sí inaceptables riesgos colectivos. Semejante juicio dependería a la vez de las circunstancias bajo las cuales se desarrolla y del grado en que el consumo tiene lugar. En base de esta consideración se eligieron, como objetivo central de la política, la prevención y el control de los riesgos colectivos e individuales que emanan del consumo de drogas.
El número de adictos a las drogas duras se estima en Holanda por diversos expertos en 1,6 por 100.000 habitantes y de 1,5 en Alemania. Cabe aceptar que en otros países donde el alcance de la prestación de ayuda es más limitado, el número oculto es mayor que en Holanda. Los cálculos disponibles indican de todos modos que el número de adictos a las drogas duras en Holanda, por 100.000 habitantes, es bajo en comparación con la media aritmética europea que sería de 2,7.
La política holandesa y la de Gran Bretaña, tiene por objetivo el cuidado del enfermo, no lo criminaliza y se ve la cifra en comparación con países como Alemania que penaliza la tenencia, con 1,3 a 1,5 de adictos a drogas duras por 100.000 habitantes. Cabe aceptar que en otros países donde el alcance de la prestación de ayuda es más limitado, el número oculto es mayor que en Holanda. Por todo ello parece justo concluir que con la política holandesa sobre la droga se han cosechado resultados concretos en cuanto a la salud pública. Según un informe de las Naciones Unidas, el número de muertos por el consumo de drogas ascendió en Holanda en 1991 a 42. En Bélgica fueron 82, en Dinamarca 188, en Francia 411, en Alemania 2.125, en Italia 1.382, en el Reino Unido 307, en España 479. En los Estados Unidos ascendió a 5.830. El número de muertes causadas por las drogas, por 100.000 habitantes, es, pues, en otros países por lo menos dos veces mayor. Esta cifra no muestra en Holanda, a diferencia de otros lugares del mundo, ningún incremento. (Tweede Kamer, vergaderjaar 1994-1995, 24077, nrs. 2-3).
“En Latinoamérica, en 2002, por segundo año consecutivo e invirtiendo una tendencia de ocho años, Colombia logró reducir considerablemente el cultivo de coca. El descenso desde 2000 ha sido impresionante pues alcanzó al 37% de descenso en el cultivo de coca en 8 años. A pesar de estos datos, hablar de éxito es aún algo prematuro. La historia de los mercados de la coca y la cocaína, y del opio y la heroína, nos enseña que muchos declives locales se traducen en incrementos en otros lugares, ya que hubo un aumento de los cultivos en Bolivia y Perú. Así pues, el mercado se autorregula. (Martin Jelsma – 20 de junio de 2003).

De los dioses y de los hombres
Los griegos durante más de mil años, iban en procesión a Eleusis, para celebrar un rito de iniciación, el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. De la mano de los sacerdotes, bebían Kykeon hecho a base de cebada contaminada con el claviceps purpúrea, que tenía propiedades alucinógenas y se convertían así en epoptes, “el que ha visto” y de esta manera ya no temían a la muerte. Estas drogas se conocen hoy como enteógenos, palabra cuya semántica es reveladora, “Dios en nosotros”.
El peyote y otras drogas son utilizada s por los chamanes para que el vuelo de su alma, parta a conseguir el remedio para curar los enfermos mediante ritos de sanación.
Mckenna T., en el libro “El manjar de los dioses” (Paidós contexto), propone, tras el fracaso de la mano dura en estupefacientes, ante la incesante demanda y en medio de la guerra de la droga, una nueva alianza etnobotánica, una educación en el poder de las plantas, en todo caso una recuperación de lo arcaico, del paraíso perdido en medio de la guerra de los carteles y de la complicidad de los gobiernos.
En este contexto global, los pibes del paco mueren o matan en el peligroso suelo de la desigualdad social. La droga cambió así los códigos del delito.
Pero también hay una droga hedonista, de consumo experimental, de hábito, cultural; así Los Beatles construyeron un submarino amarillo y por Buenos Aires, el gordo
Pichuco se despertaba de la almohada de bandoneón.
También hubo excesos que llevaron a la muerte a Janis Joplin emblema de la contracultura de los años 60 entre otras figuras de la música y del ambiente artístico.
Y el estado vegetativo de Kareen Quinlan, como tragedia adolescente, que dio comienzo a los comités de bioética en los hospitales.
En nuestro país se alza una voz de advertencia frente a la despenalización: “Hay que ponderar muy seriamente qué consecuencias puede traer esta medida en las ciudades y las provincias del país en que la droga aún no hizo pie abiertamente. El esfuerzo que están haciendo familias, escuelas, funcionarios en esos lugares corre riesgo de verse sobrepasado. Si se abren nuevos mercados para el consumo, la muerte habrá conseguido nuevos escenarios para desplegarse. Sumaremos perplejidad, asombro y dolor ante más caballos que se mueren, potros sin galopar (Los Redonditos de Ricota)”, afirmó monseñor Lozano, obispo de Gualeguaychú.

La bioética de los principios
Desde la bioética, el tema pasa por los principios de autonomía, no maleficencia y justicia.
La autonomía como principio de dominio propio, de autogobierno, tutelado por la Constitución nacional en referencia a las acciones privadas de los hombres.
La no maleficencia o no hacer daño, tiene que ve en este caso con el desarrollo, de políticas sanitarias orientadas a la prevención y tratamiento de los adictos, no a la vigilancia y castigo para el enfermo sino para su digna atención.
El principio de justicia que encarna el bien común, en este caso el derecho a la atención de la salud, clama por el desarrollo de políticas sanitarias en esta materia como reclamo social indisoluble de los derechos humanos y por la dignidad de las personas.

Conclusión
Se sostiene que las políticas de represión desde el código penal, se esperan para los narcotraficantes y los nichos supuestos del poder que los apaña por oscuros intereses mercantiles. “EL sol brilla sobre la cresta del gallo” y la justicia deberá caer con el peso de la ley que corresponda cuidando que el brillo no encandile al mandatario.
El consumidor, por otra parte, debe ser considerado un paciente y no un delincuente y el desarrollo de las políticas sanitarias en la materia, es una necesidad que reclama toda la comunidad.
A la salida de esta “cuenca semántica” a modo de visiones del mundo, entraremos entonces en el manjar de los dioses para compartir sus licores o en el jardín de los monstruos, para padecer sus horrores.

Autor
Dr. Marcelo Ocampo
Bioeticista.
Editor del blog del Grupo Atenea

Imagen
Perteneciente al portal www.mythinglinks.org

Su opinión
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Ultima actualizacion: lunes 7 de septiembre de 2009, 10:23 pm