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Artículos de interés

La emergencia como rutina

Publicado el 05.04.2010

La emergencia como rutina

Las catástrofes nos obligan a pensar y planificar en términos de emergencia.

Autor Ing. Diego Passadore

Fuente Fundación Centro Diagnóstico Nuclear (mejorsalud.org.ar).

El violento terremoto registrado en la vecina República de Chile, precedido por el devastador de Haití y, en nuestra Argentina, el de menor escala pero que también dejó víctimas en Salta, por un lado, y la sucesión de eventos climáticos que en lo que va del año han afectado, entro otros países, a Perú (Aguas Calientes, cerca de Machu Pichu), Portugal, Francia, España, entre muchos otros sitios del mundo que sufrieron daños, nos obligan a pensar y planificar en términos de emergencia.
Los expertos dicen que no hay relación entre clima y movimientos sísmicos, pero la sumatoria temporal los pone en una misma perspectiva en cuanto a los efectos que este tipo de eventos generan para la vida normal de los habitantes del mundo entero, como alteración de una vida tranquila y ordenada.
¿Debemos asumir la emergencia, lo extraordinario, como algo recurrente y constante? Tal enfoque de análisis no parece como absurdo en las actuales condiciones mundiales, sino más bien como la única forma de enfrentar los acontecimientos con alguna posibilidad de anticiparse a ellos y reaccionar adecuadamente cuando se presentan.
La primera lectura que debemos hacer es que no causan los mismos efectos estos hechos según sea el país donde impactan.
Las diferencias entre la cantidad de víctimas ocurridas en Chile y Haití, aun habiendo sido mucho mayor el movimiento sísmico en nuestro vecino y considerando las diferencias de habitantes afectados, plantean desde el inicio un desafío que es necesario responder, siquiera fuese por la vía de una hipótesis plausible. Haití es un país desolado por décadas de desaprensión de sus dirigencias, que han mantenido a su población en la ignorancia y la pobreza. Chile, en cambio, protagoniza un proceso de construcción nacional que ha generado la admiración del mundo. País “sísmico” por definición, por su estructura geológica, ha sabido generar una cultura de adaptación que si bien no ha podido impedir que un terremoto enorme dañara profundamente sus pueblos y su infraestructura, estaba sin embargo mucho mejor preparado que Haití para hacer frente a un evento de esta naturaleza.
Los episodios vividos en el hermano país trasandino de descontrol social han sido rápidamente detectados y se han puesto en marcha mecanismos de contención y orden que en otras latitudes hubiesen llevado semanas de elaboración.
El daño sufrido por la infraestructura caminera chilena mantiene aislados algunos pueblos que han sufrido especialmente el impacto del terremoto y su secuela marítima, en forma de olas gigantescas que arrasaron poblaciones costeras. El recuento final de víctimas, una vez que los actuales desaparecidos puedan contabilizarse, será lamentablemente mucho mayor que las previsiones iniciales. Sin embargo, nada de ello impedirá la reacción de un pueblo y su gobierno que ha encontrado un camino de convivencia que incluye como elemento básico la mejora constante de las condiciones materiales.
El contraste con Haití no puede ser mayor. El desamparo que las crónicas periodísticas muestra en la isla se corresponde con la debilidad de un Estado que prácticamente no parece existir. En Chile, como rotundo contraste, cuando la desesperación de algunos sectores – y la naturaleza humana que hace aflorar inesperadas miserabilidades en momentos de angustia – parecía perder el control bajo la forma de saqueos, ha sido inmediatamente contenido por la acción oficial, tanto en lo que hace a la seguridad como el socorro que poblaciones vulnerables necesitan ayuda de inmediato por la exposición en la que se encuentran.
La conclusión hacia la que deberíamos orientarnos en la reflexión es que es preciso estar preparados para enfrentar circunstancias extraordinarias. Si el curso “normal” de los acontecimientos no nos ha logrado sacar de una situación preocupante en términos sociales y culturales, mucho más será necesario anticipar en condiciones de frecuentes desastres climáticos y de otro orden.
Lejos de renunciar a resolver los problemas conocidos, lo que tenemos que asumir es que es preciso enfrentarlos con mayor ahínco. En Francia, por un vendaval marítimo que asoló su costa atlántica murieron casi medio centenar de personas, pero en modo algún ello desalentó a los franceses en su búsqueda de bienestar y seguridad para su población. La respuesta fue inmediata y la contención y auxilio estuvieron presentes en el tiempo necesario.

Quizás el desafío del clima, si en definitiva se comprueba que sus alteraciones se deben al calentamiento global resultante de las emisiones de gases que bloquean la salida de la atmósfera de la radiación solar, sea una oportunidad para replantear con equidad los patrones de crecimiento que concentran en pocos países el progreso material y condenan al resto a niveles de producción absolutamente insuficientes para atender con dignidad las necesidades de su población.
Mientras esa toma de conciencia se haga efectiva, tenemos que continuar haciendo lo necesario para asegurar que el conjunto de la población tenga acceso a estándares de vida aceptables. La salud es una variable cultural que pone en valor un estadio de bienestar que no puede ser sectorial sino que debe ser general para existir. Si nos encaminamos en esa dirección, estaremos en mejores condiciones para enfrenar desastres que, de otro modo, nos sumirán en la desesperanza. Y ello es inaceptable.

Autor
Ing. Diego Passadore
Gerente General FCDN

Fuente
www.mejorsalud.org.ar

Fotografía
Foto: fannyshow.com

Su opinión
edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar


Ultima actualizacion: domingo 5 de febrero de 2012, 10:08 am