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Artículos de interés

Bajo el signo de Asclepio...

Publicado el 13.05.2008.

Bajo el signo de Asclepio

Autor Dr. Marcelo Ocampo, La Plata, Argentina.

Introducción
Pongo este artí­culo bajo el signo de Asclepio, porque como dios de la medicina, encarna en la red metafórica del mito, la templanza y la desmesura, la sabidurí­a y la locura, el pecado y la inocencia, lo mortal y lo inmortal, el arquetipo ideal y la experiencia terrenal. Asclepio se sitúa entre dos diosas Atenea y Artemis, las dos ví­rgenes, una representa la sabidurí­a y la inteligencia estratégica, la otra la caza y la danza de las adolescentes. El linaje ascendente y descendente se conoce sin recurrir a pruebas genéticas de filiación. Por lí­nea ascendente, es hijo de Apolo y Corónide; por lí­nea descendente, Epí­one le dio varios hijos: Macaón, Podalirio, médicos eximios; Telésforo, dios de la convalecencia, Panacea, el remedio universal e Hygeí­a, la salud o sanidad (1).
Este árbol genealógico encarna pues, a todos los agentes del equipo de salud.
En su nacimiento como destino, lleva la tragedia de la muerte en los ojos, él comprueba que la luz y la muerte no pueden mirarse a la cara, (2) vive en el útero de una madre muerta, es hombre, médico, transgresor de la ley divina por lo cuál es castigado y divinizado.
La mencionada red metafórica encierra como una tela de araña, la experiencia terrena y las formas ideales o arquetipos celestes, la máscara de los dioses y de los hombres, las conductas buenas y la desmesura, un sistema de premios y castigos, como también un factor entrópico en la relación de los hombres y de los dioses que tiene a Asclepio como eje de este análisis.


Dioses, mortales, fidelidad
Asclepio, hijo del dios Apolo y de la mortal Corónide, sobrino de Artemis, la hermana gemela del dios, lleva la tragedia de un factor entrópico en la relación entre los dioses y los mortales. Corónide, ya sea por la sumisión al hombre, la época de los andrés, palabra que designa la ciudad de los hombre viriles, (3) o por no mantener enkrateia (dominio de uno mismo en el campo de los placeres y deseos), (4) mantiene relaciones í­ntimas con el mortal Isquias, estando embarazada de Apolo, llevando a Asclepio en su vientre. Esta distinción no es un dato menor a la hora de juzgar la intencionalidad de la acción de Corónide en el sistema de reparto de castigos. Lo cierto es que Apolo, enterado por un cuervo blanco de la infidelidad, enví­a a Artemis, diosa de la caza, de los confines entre lo civilizado y lo salvaje, que mata a Corónide con sus flechas en venganza por la infidelidad de la mortal. (1) La paradoja es que la muerte de una mujer embarazada durante el parto, era considerada, en la época arcaica y clásica de Grecia, de un valor similar a la bella muerte del hoplita en la batalla. Y la que mataba a la mujer en el trabajo de parto era precisamente Artemis, la diosa que en definitiva otorgaba ese rango de bella muerte. (3) ¿Premio o castigo? Digo esto porque antes de morir, Coronis da a luz a Asclepio, Hermes el dios mensajero, hizo de partero en este caso y por orden de Apolo, entrega al recién nacido al cuidado del sabio centauro Quirón quien le enseña el arte de la medicina. A todo esto, el pobre cuervo en castigo por haber habí­a llevado la noticia a Apolo, fue condenado a llevar para siempre el plumaje de color negro.

Desmesura, nomos, cosmos
Asclepio, el incesantemente bueno, fue un gran médico, que dio origen a los asclepí­adas, término usado en Ilí­ada, (5) para referirse a Macaón y Podalirio, destacados médicos del bando aqueo en la guerra de Troya, hijos de Asclepio. Galeno hace referencia a los asclepí­adas como miembros de una estirpe o familia en la cuál el saber médico era transmitido oralmente de padres a hijos. (6) Hoy se llaman así­ a todos los médicos, ya que Asclepio fue dios de la medicina, conocido también como esculapio en la versión romana. ¿Pero cómo llega esa divinización? Por el sistema de premios y castigos que otorgan los dioses a los hombres.
Un dí­a Asclepio, comete la hybris o desmesura de resucitar a los muertos con la sangre de la vena cava derecha de la cabeza de la Gorgona, sangre que tení­a propiedades salutí­feras, al revés de la sangre del lado izquierdo que era un potente veneno.
De este modo, el incesantemente bueno, viola el nomos o ley divina, provocando una crisis demográfica en la Tierra y despoblando el Hades o infierno, lugar donde residen las almas de los muertos. Es decir, provoca una tensión, un factor entrópico en la relación de los hombres con los dioses, generando el peligro de una cerrazón cosmogónica, en el cosmos organizado. (7) Un desorden de tal magnitud provoca la cólera de Zeus, el rey del olimpo que vela por un cosmos organizado, por el cumplimiento de la ley e imparte justicia, fulminando a Asclepio con un rayo como castigo. La atenuación de la pena, considerando las buenas acciones del sanador, fue la elevación al rango de constelación en Ofiuco que quiere decir cuidador de serpientes. Desde entonces Asclepio es venerado como el dios de la medicina y se representa con sus atributos, una vara de ciprés y una serpiente enroscada en ella, imagen que se conoce como báculo, instrumento mágico mí­stico de sanación y de fortaleza ética en la cuál se apoya el médico.
La hybris de ayer es el encarnizamiento terapéutico de hoy, por eso el báculo representa la templanza que debe guiar al médico a la hora de tomar decisiones.

Arquetipos, evidencia y empirismo
En la ontologí­a arcaica, es decir, de los pueblos primitivos, existí­a la creencia en una forma inicial, que en un " Ilo tempore" los dioses hicieron en el cielo, una forma ideal cuya repetición ocurre en la tierra. (8) Así­ los hombres repiten el acto primordial de los dioses, en un retorno periódico al tiempo mí­tico de los orí­genes, rechazando de este modo el tiempo histórico. Debemos hacer lo que los dioses hicieron al principio, reza un adagio hindú. Hay ciudades terrestres que toman su forma de las estrellas como la antigua Babilonia, o como Jerusalén. (8) Se pueden asimilar estos arquetipos a las formas ideales platónicas, que se ubican por fuera de las regiones astrales, pero en un mundo supraterrenal, como la ciudad ideal en La República o el imperio de La Atlántida, situado por fuera del tiempo y del espacio, un mito alegórico como lección moral al comienzo del Timeo y en el Critias dos difundidos diálogos de Platón.
En esta arquitectura de las formas ideales, la constelación de Ofiuco, se ubica entre Escorpio y Sagitario; la primera es la forma idealizada del cangrejo que Artemis, la diosa de los confines, tí­a de Asclepio mandó a castigar con su veneno a Orión, quien quiso arrebatarle la virginidad. De nuevo el castigo y la compensación o atenuación, ya que Orión muere por la picadura del escorpión y Zeus eleva éste al rango de constelación, por detrás del escorpión que también fue divinizado.

Por otra parte, la Constelación de Sagitario, representa al sabio centauro Quirón, quien murió luego de padecer una agoní­a infinita por la flecha envenenada que lanzó Heracles en la lucha contra los centauros, quien involuntariamente provoca esta herida, de nuevo Zeus interviene e inmortaliza al maestro de Asclepio. (1)
Como vemos, las ascensiones a formas ideales son recompensas divinas para aquellos seres que violaron el nomos o para ví­ctimas de un destino trágico.
La ciencia moderna ha puesto una forma ideal, que se ubicarí­a entre los astros y las ideas platónicas y es la medicina basada en la evidencia, un premio al conocimiento, a la eficacia técnica, así­ sin mediación divina, separada de la experiencia terrena de la dolencia, del dato empí­rico, del enfermo de carne y hueso, del eterno sufrimiento de los hombres, abriendo un cesura entre un mundo ideal y un mundo real, un arquetipo en un tiempo donde el mito fue desplazado por una filosofí­a "provinciana" que no tiene en cuenta al hombre arcaico ni los fuegos sagrados de oriente en un mundo desacralizado. (8)

Conclusión
Asclepio representa al dios de la medicina y es el referente en el terreno de la mitologí­a y los médicos.
En el hombre de ontologí­a arcaica, esto es sin historia o con regeneración mí­tica de un tiempo primordial, el rito y la creencia en ese tiempo bastaban para sellar la distancia entre ellos y la divinidad. (8)
El hombre moderno, histórico, en su modo de entender el mundo lleva la consolación metafí­sica por el lado de la técnica y de la ciencia, desplazando lo sagrado en un mundo profano, sin detenerse a pensar en el punto muerto cartesiano. Descartes llegó a esta conclusión porque no pudo encontrar el lugar por donde el alma abandona el cuerpo. Dualismo entre cuerpo y alma, entre formas ideales y formas empí­ricas, entre uno y las fronteras del otro. (9)
Esto se refleja de alguna manera en la medicina basada en la evidencia y la medicina basada en la persona. Si un paradigma de la medicina cae de la evidencia a la tierra sin medicación de las leyes de la ciencia, ¿qué hacer con él, dónde ubicar al caí­do, tendrá dolor o sufrimiento? ¿Habrá que internar, no intervenir o encerrar en el lugar donde están los errores de imprenta?

Bibliografí­a
1. Jacquenod, R. Diccionario de Mitologí­a. (Salvat).
2. Vernant, J.P. La Muerte en los ojos (Gedisa).
3. Loraux, N. Las Experiencias de Tiresias (Biblos).
4. Foucault, M. Historia de la sexualidad, tomo 2. (Siglo XXI).
5. Homero. Ilí­ada. (Terramar)
6. Laí­n Entralgo, Pedro. Historia Universal de la medicina, Tomo II (Salvat).
7. Yevlin, N M. El jardí­n de los monstruos. (Biblioteca Nueva).
8. Eliade, M. El mito del eterno retorno (Emecé).
9. Descartes, René. Meditaciones metafí­sicas. Antologí­a de Textos de historia de la filosofí­a, Universidad Iberoamericana.


Autor
Marcelo Ocampo

Pintura
La educación de Aquiles. Eugí¨ne Ferdinand Victor Delacroix.

Su opinión
edicionesmedicas@edicionesmedicas.com.ar


Ultima actualizacion: jueves 17 de mayo de 2012, 11:35 pm